Retrato al minuto de Coco Robatto

La mesa de la cocina

13-02-2022 • 2 minutos


Cuando de niño le preguntaban qué quería ser de mayor, Coco Robatto respondía: dinosaurio. Hoy es senador del Reino de España. Que cada uno saque sus conclusiones, siempre que no sean equivocadas. A diferencia de tantos senadores, Coco no es un dinosaurio de la política. Su carrera no ha hecho sino empezar. Esperemos que no dure eternamente. Me explico. Coco nunca pensó dedicarse a la política (mucho menos lo pensaron sus profesores del colegio, a los que traía por la calle de la amargura). Si abandonó su bien remunerado trabajo en una de las big four fue por su preocupación ante la hora difícil del país. También, porque se lo pidió un amigo: Santiago Abascal. Y es que por un amigo, Coco es capaz de lo que sea. A Coco no se le ha visto nunca hacer acepción de personas, incluso con aquellas con las que es mejor que no te relacionen, no por nada, sino porque no atraviesan su mejor momento. Si son amigos, Coco nunca dejará de invitarlos a una de las divertidísimas cenas que organiza todas las semanas. Además de buen amigo, Coco es buen hijo. Que su padre sea un pez gordo de los negocios, no significa que él sea un niño de papá. Todo lo contrario. Bien temprano, Don Jacobo le advirtió de que no escatimaría gastos en sus estudios; para caprichos, en cambio, Coco tendría que apañárselas él solo. Eso hizo. Su primera moto se la compró con los ahorros acumulados en los más variopintos empleos. Coco es también buen padre, por más que a tan corta edad sus dos pequeños hayan experimentado la vergüenza ajena y el susto de ver al autor de sus días disfrazado de Spiderman. Buen amigo, buen hijo, buen padre y, con más mérito todavía, buen ex marido. Ni entonces ni hoy Coco ha sentido celos del éxito profesional de Rocío Osorno; en todo caso, orgullo indisimulado. Todavía no he explicado mi deseo de que su carrera política no dure eternamente. Coincide con ese otro de trabajar algún día juntos, yo produciendo y él conduciendo un programa de viajes con el que revivir el fabuloso tiempo español, cuando los dioses nacían en Extremadura y el sol no se ponía en nuestro imperio. Últimamente, algunos tratan de hacer pasar a Coco como un peaky blinder de la política, o sea, un energúmeno y un macarra de la cosa y la moral públicas. Nada más alejado de la realidad. Sus detractores deberían saber que para ser caudillo fascista a Coco le sobra una cosa: su sentido del humor. Episodio escrito y narrado por Gonzalo Altozano. Sonido: César García. Diseño: Estudio OdZ. Contacto: galtozanogf@gmail.com Twitter: @GonzaloAltozano Instagram: @galtozanogf En iVoox, Apple y Spotify